Cuando ir al dentista te resulta casi divertido

Imagen para clínica Dental Morante...

No sé si a vosotros os pasaba u os pasa lo mismo, pero personalmente ¡yo hasta hace bien poco odiaba ir al dentista! Hasta que conocí a la clínica dental ubicada en Madrid, Dental Morante, que puede enorgullecerse de contar con una experiencia de más de 30 años y de tener a los mejores profesionales y especialistas en su centro.

¿Cómo conocí a la clínica? Os lo voy a contar. A mí, un día de buenas a primera se me rompió una muela comiendo un caramelo de fresa. ¡Madre mía! –pensé– ¡menos mal que no ha sido un incisivo central o lateral superior o inferior! Yo que trabajo de cara al público, en un despacho de “Atención al cliente”, ¡imaginaos lo que hubiese supuesto para mí que se me rompiera un incisivo! ¡Hubiese sido un auténtico drama! ¡Sólo de pensarlo me dan escalofríos!

Pues bien, volviendo a lo que os estaba contado… Al día siguiente, mientras estaba en mi coche, de camino hacia mi trabajo, escuché en la radio un anuncio que promocionaba distintos tratamientos dentales de última generación, proporcionados por un equipo de especialistas en implantes dentales, periodoncia y endodoncia. Asimismo, la clínica Dental Morante –así se llamaba– aplicaba los últimos avances en ortodoncia y estética dental para conseguir sonrisas limpias y armónicas dignas de las más bellas celebrities.

Estaban especializados en implantes dentales, periodoncia, ortodoncia invisible, estética dental, endodoncia, cirugía oral, etc. Con ello, tenían la peculiaridad de proponer a los más temerosos unas gafas llamadas ZEISS cinemizer OLED, con las que podías entretenerte viendo documentales mientras te estuvieran realizando el tratamiento. ¡Vaya! Eso sí que no lo había oído nunca. ¡Cómo si estuvieras en una sala de cine 3d! ¡Qué divertido! La salud de la boca de sus pacientes y el bienestar de estos últimos era lo primordial para ellos, decían. Deseaban que sus pacientes se sintieran en la clínica como en sus casas. Bueno, como en nuestras casas… ¡Se pasaban quizá un poco!, pensé. Jajaja. Estaban dando ahora los números de teléfonos, la dirección y los horarios. Aumenté el volumen para escuchar correctamente y poder memorizar: 91 356 14 65 ó 91 356 37 05, Calle Cartagena 82 1º B en – Madrid, abierta de lunes a viernes de 10 a 20:00 horas.

El viernes me vendría estupendamente puesto que no trabajaba. Al regresar de mi trabajo, llamé a la clínica para exponer mi caso y obtener más información. La chica que cogió el teléfono se mostró de lo más atenta y comprensiva. Acordamos una primera cita para el viernes siguiente a las 10:30h con el doctor y la secretaria administrativa para evaluar verdaderamente mis necesidades y elaborar un presupuesto. Colgó llamándome cariñosamente por mi nombre. ¡Ni que nos hubiésemos criado en el mismo barrio!

Así es que al viernes siguiente a la hora prevista, allí que estaba yo tiritando, no de frío sino de miedo. Pero todo se desarrolló de la mejor manera posible. Los implantes dentales, me explicó un joven y guapo doctor, eran raíces artificiales de titanio, que se insertaban en el hueso maxilar. Estas raíces serían las que le darían soporte a los dientes artificiales fijos, asemejándose a los dientes propios. El resultado estético sería muy bonito y muy natural. Y acabó su “discurso” regalándome una sonrisa espectacular. Unos dientes alineados perfectamente y súper blancos. Ufff… Apreté maquinalmente y fuertemente los labios. Yo con tan sólo verlo a él era capaz ¡hasta de romperme otro diente! Bueno… ¡quizá no tanto! Pero verdaderamente ¡el chico era de infarto!

De ello, ha pasado un tiempo. A día de hoy, puedo lucir de nuevo una bonita sonrisa gracias a la profesionalidad de la clínica Dental Morante y lucirme saliendo con mi chico, un joven y guapo doctor con el cual me lo paso genial. ¡No hay mal que por bien no venga!, decía mi abuela. ¡Cuánta razón llevaba la mujer!

 

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25 noviembre, 2015

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