Turismo gastronómico a través del catering

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Comer es indispensable. Todo el mundo come. Para algunos puede resultar una obligación y no ponen demasiada atención a lo que ingieren, tan solo comen lo que toca para alimentarse. Para otros, la inmensa mayoría, a decir verdad, comer es un placer. Algo que se hace por gusto en más ocasiones de las que debería. De ahí que la gastronomía sea todo un arte. La cocina llevada a la máxima expresión para el deleite de los sentidos, el paladar y el estómago.

Viajar es otra actividad inherente al ser humano. El gusto por dejar el lugar habitual de residencia para conocer otros entornos es algo que une a la inmensa mayoría. El porcentaje de personas a las que viajar no les interesa es bastante nimio. Otra cuestión es que, por alguna razón, no sea posible hacerlo.

Si juntamos estos dos placeres, encontramos el turismo gastronómico. Ese turismo consiste en viajar para conocer y disfrutar de la cocina de diferentes lugares. Los turistas o viajeros se centran en probar los platos típicos y especialidades locales que son elaborados con los productos autóctonos de cada zona. Gracias a este turismo, se aprende sobre la tradición culinaria y las costumbres de cada zona, contribuyendo a la conservación de las recetas tradicionales y favoreciendo el desarrollo sostenible al promover la producción y el consumo de los productos locales. El turismo gastronómico lo tiene todo.

El sector de la restauración colectiva dispone de servicios de catering excelentemente organizados y con unas propuestas culinarias muy ricas en las que se incluyen recetas de lo más tradicional y de lo más vanguardista. Dentro del mundo empresarial o de los eventos, contar con un servicio de catering que aporte valor añadido se convierte en un aliado estratégico, ya que la gastronomía es cultura y mensaje y en cada evento, cada plato ofrecido se convierte en un símbolo de la empresa anfitriona. Si se proponen platos de diferentes culturas gastronómicas, se tiene un turismo gastronómico de vanguardia y al máximo nivel, ya que la innovación es ley en los caterings.

En qué consiste el turismo gastronómico

Si se incluye la palabra turismo, el viaje es inevitable. Pero se puede viajar con el paladar sin tener que recorrer kilómetros. El turismo gastronómico consiste en viajar para conocer y disfrutar de la cocina de diferentes lugares, haciendo que los turistas se centren en probar los platos típicos y las especialidades locales que se elaboran con los productos autóctonos de la zona, lo que ha hecho que, en los últimos años, este turismo haya crecido hasta convertirse en uno de los principales reclamos. En La Frolita Catering Madrid, donde ofrecen servicios de catering para todo tipo de celebraciones familiares, reuniones de amigos o eventos de empresa, saben jugar con el turismo gastronómico y ofrecer a sus clientes platos de lo más tradicional presentados de la forma más innovadora.

Ofrecer platos de tradición gastronómica permite a los comensales viajar con el paladar y los sentidos sin tener que viajar. Además, comparte características con el turismo gastronómico como las que siguen a continuación:

  • Experiencia culinaria auténtica. Se busca el disfrute de los platos que reflejan la tradición (local o de otro lugar), elaborados con ingredientes y métodos tradicionales.
  • Diversidad de vivencias. Desde la alta cocina de los restaurantes de mayor renombre hasta la comida callejera, los viajeros o comensales pueden explorar la gastronomía en todas sus formas. Viajando al lugar o degustándolo en un evento.
  • Conexión cultural. La comida es sin duda una puerta abierta para adentrarse y conocer la historia, las tradiciones y la identidad de cada lugar. Algunos países y regiones han hecho de su cocina una seña de identidad, como es el caso de Italia con la pizza y la pasta o de Galicia con el pulpo. Platos que pueden incluirse en un catering.
  • Sostenibilidad, ya que en ambos casos se fomenta el apoyo a la producción local y las prácticas que reducen el impacto ambiental, promoviendo un modelo de viaje más sostenible para los turistas y una cocina igualmente sostenible en los servicios de catering.
  • Impacto económico. El turismo gastronómico supone una fuente de ingresos en muchas zonas, ya que atrae a los turistas que buscan experiencias exclusivas y apoya la economía local. En el caso del catering, ofrecer platos tradicionales con un estilo más vanguardista se convierte en el reclamo para los clientes que quieren probar las novedades que ofrecen con la tradición de los platos más convencionales.
  • Experiencia inmersiva. En ambos casos, viajeros y comensales se involucran activamente en la cultura culinaria, participan en la creación de platos y aprenden sobre los ingredientes y las técnicas empleadas.

Un buen servicio de catering puede potenciar la comunicación de algo tan importante como la sostenibilidad, utilizando productos de estricta temporada y de proximidad, al mismo tiempo que transmite la innovación realizando presentaciones o fusiones creativas de los platos más tradicionales y reforzando la cercanía reinterpretando dichas elaboraciones.

Los servicios de catering permiten la adaptación a contextos diferentes y de lo más diverso, desde los grandes congresos hasta los encuentros más íntimos. Hacer presentaciones de producto o celebraciones internas con una filosofía que no es otra que alimentar la experiencia y no solo a los comensales. Por lo que, inevitablemente, un servicio de catering se convierte en un turismo gastronómico del más alto nivel.

Un catering que cumple con las expectativas alimenta; uno que sorprende y cuida se queda en el recuerdo… del paladar. El detalle, la creatividad en el menú y una buena gestión y servicio hacen que se conviertan en toda una experiencia.

Turistas gastronómicos de todo tipo

Se puede hacer turismo gastronómico viajando y sin viajar. Puedes salir a comer a un pueblo cercano y hacer turismo gastronómico o puedes irte una semana a otra ciudad o país y degustar todos los platos tradicionales. También puedes contratar un catering y que te deleite con la gastronomía de otros países o ciudades sin salir de tu casa o empresa. En cualquier caso, existen varios tipos de turista gastronómico: a unos les gusta comer de todo sin ser expertos; otros son amantes del vino; otros, más cosmopolitas… Vamos a conocer los diferentes tipos a ver en cuál de ellos encaja cada turista o comensal:

  • Foodie. Ama el buen comer, sobre todo en restaurantes, pero sin ser un experto en cocina. Tan solo le gusta mucho comer y probar.
  • Wine lover. Los amantes del vino, pero no solo del vino como tal, sino de todo el proceso de elaboración y consumo del producto que incluye desde la variedad de uva escogida hasta la crianza y el maridaje.
  • El que busca la exquisitez y la exclusividad suele visitar restaurantes de alta gama como los que se incluyen en la Guía Michelin o las tiendas delicatessen más exclusivas. Los establecimientos que no están al alcance de cualquiera.
  • Este es el perfil más curioso y dispuesto; el que se aventura a la prueba de todo tipo de platos con independencia del país de procedencia o de los ingredientes con los que se elaboren. No es apto para aquellos que tienen miedo a los insectos, los veganos, las personas intolerantes o alérgicas a algún alimento.
  • Más de andar por casa. La persona que adora la gastronomía y pasa parte de su tiempo libre aprendiendo sobre cocina y cocinando.
  • Un turista gastronómico similar al gourmet adora el lujo, los placeres caros y los locales más refinados. No come en un Burger King, pero sí en el Guy Savoy.
  • Come todo lo que se le pone delante y disfruta al descubrir nuevos sabores e ingredientes. Si para de comer, suele ser porque la comida está en mal estado y no porque no quiera comérsela.

Todos estos perfiles aman la gastronomía, cada uno de ellos a su manera, pero todos con verdadera pasión. Por lo que, las actividades de turismo gastronómico son ideales para ellos. Para conocer la tradición culinaria de un país o región, lo mejor es sumergirse en ella con alguna de las actividades más comunes.

Las degustaciones y catas, en las que se degustan los productos locales como el vino, los quesos, los aceites, las cervezas artesanales o los licores, entre otros, son una excelente manera de conocer los sabores de cada región, y un servicio de catering puede hacerlo con un toque muy innovador.

También se pueden visitar mercados locales en los que comprar los productos frescos de la zona y aprender sobre los ingredientes que se utilizan en sus platos típicos.

Acudir a clases de cocina, comer en restaurantes locales o visitar bodegas y viñedos son parte de ese turismo gastronómico y del aprendizaje sobre la gastronomía de cada lugar, sin tener que desplazarse en el primer caso.

Festivales y eventos en las localidades en las que se celebran ferias o mercados ofreciendo comida típica o, de nuevo, en las que se contrata un catering para ofrecer esos platos tradicionales sin tener que viajar al lugar de origen, donde además es posible hacer un tour culinario, sin tener que recorrer restaurantes y establecimientos.

En definitiva, el turismo gastronómico es un turismo que no requiere tanto viajar físicamente como con el paladar. Se puede practicar sin moverse de la ciudad.

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