A veces me levanto, miro por la ventana y se me cambian radicalmente los planes: quiero salir, dar una vuelta, hacer algo al aire libre… y de pronto el cielo se cubre y empieza a diluviar.
Y, de repente, todo lo que había planeado desaparece y me toca pensar: ¿Qué puedo hacer en un día lluvioso? Pues muchas cosas, y si te quedas conmigo, te las enumeraré.
Cosas que hacer sin pensar demasiado
Por ejemplo, actividades que no requieren energía ni planificación, para estar bien, pero sin esfuerzo, y la verdad es que me relajan bastante.
Una de ellas es ordenar pequeñas partes de la casa. No me refiero a hacer una limpieza gigante. Me basta con elegir una estantería, un cajón o un rincón que llevo esquivando semanas. No lo hago para tener la casa perfecta, sino porque ese ratito de mover cosas y dejar todo un poco más claro me relaja. No pienso demasiado, solo lo hago y punto. Y luego me siento un poco más ligera, como cuando ya no tienes algo pendiente dando vueltas por la cabeza.
Otra cosa muy simple es cocinar algo rápido que huela bien. No hace falta complicarme. A veces preparo unas tostadas con lo que tenga a mano, otras veces hago pasta o una crema caliente. Solo por el olor en la cocina ya siento que el día mejora. Y mientras cocino, pongo música suave o una playlist que tenga canciones que me sé de memoria. No para cantar como si estuviera en un concierto, sino para sentir compañía.
También me gusta contestar mensajes pendientes. Es ese tipo de tareas que dejo para “otro momento”, y un día de lluvia es perfecto. Me tomo un café y respondo con calma, sin prisa, como si estuviera charlando cara a cara. Es agradable retomar conversaciones que no se terminaron.
Si quiero hacer algo todavía más simple, leo un rato, porque es uno de mis hobbies favoritos. La lluvia ayuda a concentrarme, aunque no soy de esas personas que se quedan dos horas seguidas leyendo. Voy poco a poco, sin obligación.
Y por último, algo que parece tonto pero funciona: preparar una bebida caliente y sentarme en silencio unos minutos. Solo eso, un momento sin hacer nada, antes de pasar a lo siguiente.
Para reírme un poco
Cuando quiero divertirme sin salir de casa, me invento retos o juegos que sean divertidos.
Algo que me funciona mucho es crear pequeñas competiciones conmigo misma. Por ejemplo, ver cuánto tardo en montar un pequeño puzzle, aunque sea de esos de pocas piezas. O intentar hacer un sudoku sin mirar el reloj hasta el final. No busco demostrar nada, es solo una excusa para mantener la mente ocupada.
Otra idea es bailar un rato aunque no lo haga muy bien. Pongo música que me anime, cierro la puerta para no sentir vergüenza de absolutamente nada y muevo el cuerpo sin sentido. No lo hago bien, ni siquiera intento hacerlo bien, pero me hace reír y ya con eso me basta.
También puedo jugar a inventar historias absurdas. Abro el móvil, elijo una foto aleatoria del carrete y me obligo a inventar una explicación para esa foto como si fuera parte de una película. Suelo escribirlo en una nota y luego me doy cuenta de que, sin querer, he creado algo gracioso.
También están los juegos clásicos de mesa si tengo a alguien conmigo. Un día lluvioso es perfecto para una partida larga, de esas que se alargan porque nadie quiere perder. Pero si estoy sola, me basta con juegos de lógica en papel o en el móvil. En días así no me siento culpable por pasar tiempo jugando; al contrario, lo disfruto.
Otra cosa que hago es grabar notas de voz para escuchar después. A veces digo tonterías, otras veces reflexiono sobre algo, pero es divertido escucharlo más adelante y ver cómo pensaba en ese momento. No es profundo, solo curioso.
Todas estas actividades hacen que el día avance con buen humor, y eso ya es más que suficiente.
Experimentar un poco con la cocina sin complicarlo
Me refiero a experimentar con cosas sencillas que ya tengo en casa.
Por ejemplo, hacer una pizza casera rápida con lo que haya en la nevera. No busco que quede de revista, solo que esté rica. Me divierte mezclar ingredientes raros que normalmente no pondría juntos y ver qué sale. A veces queda buenísima, otras veces simplemente comestible, pero nunca es un desastre total.
Otra opción es preparar galletas o bizcochos simples. No me complico midiendo cada milímetro, lo hago un poco a ojo (lo cual probablemente no es lo ideal, pero bueno). Lo bueno es que el horno calienta la casa y huele muy bien. Además, comer algo que he preparado yo siempre me da una pequeña satisfacción.
También pruebo bebidas nuevas: cafés con sabores, chocolate caliente con alguna especia o mezclas improvisadas de té. Me gusta preparar algo especial aunque esté sola.
Si estoy con alguien, cocinar juntos es todavía mejor. Se habla de otras cosas, se improvisa y se acaba riendo por cosas pequeñas. No hace falta que sea un plan grande, la propia acción de preparar algo sencillo ya hace que el día gane ritmo.
Actividades creativas en casa
Hay días de lluvia en los que quiero hacer algo diferente, algo que no sea rutina, y esos días me gusta probar actividades que despiertan un poco mi creatividad, aunque sea a nivel básico.
Una de las cosas que hago es escribir ideas sueltas en un cuaderno. No busco hacer textos perfectos ni nada parecido, aunque podría, porque soy escritora, pero solo anoto cosas que se me ocurren: escenas cortas, frases, pensamientos que no quiero perder. A veces reviso esas notas después y me sorprendo de que algunas tienen sentido.
También me gusta grabar pequeños vídeos solo para mí. No para subirlos, sino para tener un registro de cómo me siento ese día. No importa si salgo despeinada o en pijama. Es más divertido cuando dejo el móvil grabando mientras hago cualquier tontería.
Otra actividad que disfruto es crear pequeños rincones nuevos en casa. Cambiar una silla de lugar, poner una luz distinta o mover una planta. Cosas mínimas que hacen que el espacio se sienta nuevo sin esfuerzo.
Si quiero algo más dinámico, hago ejercicios ligeros que puedo seguir en casa. No me pongo estricta, solo muevo el cuerpo un rato, estiro y ya. Me ayuda a no sentirme pesada por estar encerrada.
Lo importante de este tipo de actividades es que rompen la monotonía del día lluvioso sin pedirme grandes habilidades ni energía extra.
Crear y divertirme con materiales artísticos
Aquí viene una de mis partes favoritas de los días de lluvia: jugar con materiales artísticos aunque no tenga ninguna técnica especial. Cojo un lienzo, unas pinturas, rotuladores o lo que tenga a mano y me siento a ver qué sale. No lo hago para que quede bonito, sino porque me relaja y me da una sensación rara de libertad, sin presión.
A veces empiezo pintando algo concreto y termino haciendo algo totalmente diferente. Otras veces simplemente hago manchas y líneas sin pensar. Lo mejor es que no importa el resultado; lo importante es la experiencia. La pintura, el color y el simple hecho de tener las manos ocupadas me ayudan a desconectar del ruido mental.
Si me falla la inspiración, busco ideas sencillas: pintar objetos que tengo cerca, copiar la portada de un libro, intentar un dibujo rápido en cinco minutos, o incluso decorar una libreta vieja. Cuando el día está gris, trabajar con colores me anima un montón.
También he probado técnicas diferentes como pintura acrílica, rotuladores permanentes o mezclas improvisadas. No soy experta y no quiero serlo. Me basta con disfrutar el proceso.
ArteSpray, tienda de pintura decorativa e industrial, aconsejan que, cuando no sabes por dónde empezar, es bueno pruebar con pocos colores y un soporte pequeño para el lienzo. Así disfrutas sin presión y descubres lo que realmente te gusta.
Al final, cuando pasan cosas inesperadas, hay que improvisar para seguir haciendo cosas
Cuando termina un día lluvioso y me doy cuenta de todo lo que he hecho sin salir de casa, siento una especie de calma que no aparece en otros días. No es un logro enorme, pero sí una sensación de compañía conmigo misma. Y eso ya vale.
Creo que estos días nos dan la oportunidad de movernos de otra forma. Podemos hacer cosas simples, divertirnos con actividades que normalmente no haríamos, probar ideas nuevas y sentir que el tiempo pasa de manera amable. No se trata de llenar el día de tareas, sino de elegir un par de cosas que realmente nos hagan sentir mejor.
Y si al final del día solo hice una actividad y descansé el resto del tiempo, también está bien. La lluvia invita a bajar el ritmo, a disfrutar de estar dentro y a darnos un pequeño respiro. Y tal vez, sin darnos cuenta, descubramos que los días grises también tienen su encanto cotidiano, sin necesidad de adornarlos.