Hacer el Camino de Santiago sin renunciar a nada

Hacer el Camino de Santiago sin renunciar a nada

Yo soy de esas personas a las que no le gusta renunciar a nada y cuando, hace varios meses ya, empezamos a programar y organizar el Camino de Santiago (que hicimos el pasado septiembre) dejé muy claro cuáles eran mis condiciones: no acampar nunca al aire libre (mínimo una tienda de campaña o nada), buena comida todos los días (no quiero ninguna lipotimia ni llevar mi mochila con 20 kilos de más por la comida y la bebida) y dormir en un hotel de lujo al menos una noche cuando lleguemos a Santiago (nos lo mereceremos).

Hay muchas personas que salen desde el punto donde van a iniciar la ruta elegida para el Camino de Santiago sin un horario determinado, sin un planning más o menos elaborado que les asegure una serie de necesidades básicas y a mí me parece genial que se lancen así, a la aventura, pero no es mi caso. Yo quiero saber que cuando caiga la noche tendré un sitio calentito en el que dormir y una buena cena que llevarme a la boca, por eso organizamos cada parada y en lugar de seleccionar los típicos albergues para dormir (en los que no permiten realizar reservas) pues preferimos reservar alojamiento en campings, casitas rurales y hostales.

Mi experiencia en el camino

Pasamos 16 días en el camino y cinco de ellas dormimos en casitas rurales, 7 en hostales, 4 en campings y los dos últimos en un hotel de lujo en Santiago de Compostela que era una auténtica pasada. Las camas eran una maravilla y quedé tan enamorada de esos colchones que me preocupé de averiguar el fabricante y hace dos semanas que tengo en casa uno de los magníficos colchones de WLN. Además, es una pasada porque cuando me echo a dormir recuerdo mis noches en aquel hotel y no puedo evitar tener ganas de repetir la experiencia.

Con respecto a la comida, otra de mis exigencias para el camino, tuvimos una gran idea. Contratamos los servicios de Catering Camino de Santiago, una empresa de catering que te lleva el desayuno, la comida y la cena allá donde estuvieres. Normalmente las comidas las hacíamos frías, de bocadillos, frita y bebidas refrescantes, para aguantar bien el camino, y las cenas nos las servían en los hostales o donde fuéramos a alojarnos esa noche: platos calientes, deliciosos, que mi estómago agradecía siempre.

Fueron 16 días maravillosos que recomiendo a todo el mundo. Eso sí, no seáis brutos y os penséis que es fácil, porque no lo es. Nosotros hacíamos una media de 15 o 20 kilómetros diarios y eso, no estás acostumbrado a  caminar, es demasiado. Puede que el primer día aguantes el tirón, incluso el segundo, pero al tercer día, si no has entrenado un poco antes, estarás tan molido o molida que apenas podrás moverte y mucho menos caminar otros 20 kilómetros con la mochila a cuestas. Y un consejo: si optáis por realizar paradas de un día o día y medio para descansar de vez en cuando no os acomodéis demasiado o emprender la marcha de nuevo será mucho peor.

29 julio, 2016

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